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El Origen del Mundo

2013-01-24 1 900 Vimeo

The Origin of the World Un estudio las representaciones del órgano sexual femenino entre artistas de género masculino. Por Syd Krochmalny Para algunos críticos, la imagen de la vagina inaugura el arte moderno con “El origen del mundo” de Gustave Courbet. Curiosamente esta obra (perteneciente a Jacques Lacan durante muchos años) no tuvo descendientes notables. Mas bien al contrario, la vagina carece de un estatuto legítimo en la artes occidentales, frente a otras zonas metonímicas como los pechos, las nalgas o el pubis. Mi colección de dibujos a carbonilla –que obtengo a través de la consigna “¿Podrías dibujar una vagina en este block?”— muestra la complejidad de la tarea demandada. La vagina no parece ser un órgano de figuración consensual. Un video realizado con los dibujos recolectados demuestra que la vagina suele ser representada en imágenes compuestas a través de distintas figuras geométricas: círculo, óvalo, triángulo, elipse, rombo, serpentina. El pene no parece ser, como se sostiene, el significante vacío. Algunos de los participantes fueron: Roberto Jacoby (Argentina), Daniel Joglar (Argentina), Patricio Larrambebere (Argentina), Eduardo Basualdo (Argentina), Luis Francisco Pérez (España), Gastón Pérsico (Argentina), Diego de Aduriz (Argentina), Sebastián Bonnet (Argentina), Juan Arallia (Argentina), Marcelo Mortarotti (Argentina), Vicente Grondona (Argentina), Carlos Amorales (México), Arthur Lescher (Brasil), José Francisco (Brasil), Gastón Cammarata (Argentina), Diego Melero (Argentina), Gustavo Marrone (España), Alexander Gerdel (Venezuela), Andrew Moszynski (Estados Unidos), Eduardo Padilla (Inglaterra), Chris Taylor (Estados Unidos), entre otros. El origen del mundo por Marina Mariasch Antes que Courbet, Da Vinci sugirió en El tratado de la pintura que las mujeres debían representarse "siempre con actitudes vergonzosas, juntas las piernas, recogidos los brazos, la cabeza baja y vuelta hacia un lado". Syd Krochmalny vuelve a poner al sexo femenino en el centro de la escena, con las piernas bien abiertas. Pero no son mujeres, son vaginas. No se es mujer por tener una concha. Las mujeres están aquí a la vez reducidas a su sexo y con la fuerza de su valor simbólico. El desplazamiento es doble, el artista cede su carbonilla a otros artistas –varones– para este *Sexionary*, versión caliente del Pictionary, juego de dibujar palabras. En el principio, era la palabra. De eso se trata, de dibujar palabras, que son ideas. El pensamiento se estructura en forma de lenguaje (Chomsky). Esto, las vaginas, es lo que llega al plano de la representación. Más allá, antes del origen, hubo algo, una cadena de acciones, relaciones de poder: Un hombre dándole indicaciones a una mujer, pidiéndole que abra las piernas. Un hombre cediendo el lápiz a otro hombre, una invitación al mando. Todos tienen su parte y nadie pierde su poder. Ni la vagina, que toma el centro de la escena, como si copara las tapa revistas para hombres, como ahora las cubren los culos. La vagina se somete a la mirada y se somete pero se vuelve, una vez –finalmente– foco de las miradas. El centro no es la pija erecta del porno, esta vez es la vagina en su carácter productivo y reproductivo. Una vagina donde la economía del deseo se despoja de la economía de mercado, van por carriles paralelos. Aunque sometida, desde ese centro parece decir: "Hago con mi cuerpo lo que quiero". Y se vuelve amenaza, la vagina central y soberana debe ser levemente sometida para acentuar el dispositivo y configurar el deseo. Pero sigue siendo una amenaza. Es el origen del mundo o el fin del universo, un pulpo negro para perderse y terminar túnel oscuro sin fondo? El primer feminismo se preocupó por no exponer el cuerpo de la mujer a la mirada patriarcal, pero no es la primera vez que un cuerpo desnudo sirve para encender una revolución. La vagina en serie refleja el sistema de repetición de patrones que conforman los mitos sociales. En esta obra, en las múltiples formas de representar una vagina, lo que se abre es la multiplicidad de personalidades que cada vagina posee. Hay que mirar y conocer, tirar de las hojas y arrancar la remolacha de adentro. Get us out from under, wonder woman, wonder man. La vagina pasa de ser un agujero en un bife de chorizo a una idea, un triángulo alegórico que se parece a Dios, un agujero negro del que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar.

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