La vigilancia es máxima en las zonas septentrionales de Bagdad, la capital iraquí. No en vano, a apenas 150 kilómetros hacia el norte, en la región de Saladino, se libra una intensa batalla por el control de Tikrit, cuna del fallecido exdictador Sadam Husein y bastión de la insurgencia suní. Miles de soldados toman parte en la contraofensiva lanzada para tratar de frenar el avance de los yihadistas, decididos a extender su hegemonía por Irak y los países vecinos tras anunciar la creación de un “califato islámico”. <br /><br />Las imágenes de civiles huyendo de los combates se han vuelto cotidianas. Alrededor de un millar de familias han llegado en las últimas horas a un campamento de refugiados a unos 140 kilómetros al noreste de Bagdad tras salir a toda prisa de Bakuba. <br /><br />El Estado islámico, nuevo nombre del grupo yihadista que mantiene en jaque al país, declaró el domingo la instauración de un califato islámico y proclamó a su líder, Abu Bakr al Bagdadi, como “imán y califa para los musulmanes de todo el mundo”. Un califato cuyo poder se extiende, según los extremistas, desde Alepo, en el noroeste de Siria, hasta Diyala, al este de Irak.
