Para Manuel Gonzales Prada, esta <br />emoción bravía y selecta, una de las <br />que, con más entusiasmo, me ha aplau- <br />dido el gran maestro. <br /> <br />Dios mío, estoy llorando el sér que vivo; <br />me pesa haber tomádote tu pan; <br />pero este pobre barro pensativo <br />no es costra fermentada en tu costado: <br />¡tú no tienes Marías que se van! <br /> <br />Dios mío, si tú hubieras sido hombre, <br />hoy supieras ser Dios; <br />pero tú, que estuviste siempre bien, <br />no sientes nada de tu creación. <br />¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él! <br /> <br />Hoy que en mis ojos brujos hay candelas, <br />como en un condenado, <br />Dios mío, prenderás todas tus velas, <br />y jugaremos con el viejo dado. <br />Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte <br />del universo todo, <br />surgirán las ojeras de la Muerte, <br />como dos ases fúnebres de lodo. <br /> <br />Dios míos, y esta noche sorda, obscura, <br />ya no podrás jugar, porque la Tierra <br />es un dado roído y ya redondo <br />a fuerza de rodar a la aventura, <br />que no puede parar sino en un hueco, <br />en el hueco de inmensa sepultura.<br /><br />Cesar Vallejo<br /><br />http://www.poemhunter.com/poem/los-dados-eternos/
