Si soportáramos esta sed que nos agranda sin abandono*, dijo su voz en Sin Máscara <br /> Y la sed de belleza de entrevistada, entrevistadora y público, sació y acrecentó la sed. En diálogo, música, poesía y vida <br /> Dije Este amor de Jacques Prévert y la artista dijo El claro de luna, de Claude Debussy. Alborozó con ella, el piano Blüthner flamante en Argentina, que busqué para sus manos-alas <br /> En mi palabra, la catedral azulada que tomó bruma del cielo con pinceles de Claude Monet. En el teclado, partituras que los colores impresionistas dispararon en las manos de Pía <br /> Y el diálogo de sones y perfumes, en los aires de la noche de Baudelaire; con poemas de Víctor Hugo, de Louis Aragón, de Yeats. De <br />Y Te he soñado tanto de mi Robert Desnos, dispararon en Pía conmovida, el Nocturno N° 3 en La Bemol de Gabriel Fauré <br /> Fue instante vértice de belleza. Tensión espiritual. Sencillez. Arte, vida, verdad. Y ángel custodio, el público, regocijado. Por su pedido y no es fórmula, repetí nueve veces el programa <br /> Y hubo más música y más poesía. Pero nada en torres de marfil, que el arte es para todos. Y cerró Scarlatti en esas alas-manos y dejad hablar al viento, que es el paraíso (Ezra Pound) <br /> Y la voz del viento contó el Universo <br /> Y aguantamos la sed <br /> Que nos agranda (Cristina Castello) <br />*Fragmento del poema de Rainer María Rilke, que Pía Sebastiani leyó en mi programa