Los combates en las proximidades del aeropuerto de Donetsk entre las tropas gubernamentales ucranianas y los separatistas rebeldes pro rusos indican que la sombra de la guerra sigue presente.<br /><br /> “Si no fuera por el acuerdo de Minsk ya estaríamos en Kiev. Pero nuestras armas están encadenadas, por lo que seguimos aquí, en Donetsk”, asegura un voluntario proruso.<br /><br /> Desde abril de 2014, unas 6400 personas han muerto por la violación diaria del Acuerdo de Minsk que plantea el cese de las hostilidades, a la vez que pretende devolver una cotidianidad que, como explica este residente, no llega: “No hay donde esconderse. Tenemos que ocultarnos como conejos en el bosque. Estamos hartos. Este jaleo dura más de un año. Los soldados lo destruyen todo, disparan día y noche, no podemos estar contentos. Queríamos que la situación fuera a mejor, pero no es así”.<br /><br /> La destrucción de edificios, casas quemadas, durante estos enfrentamientos, los más duros de los últimos meses, quedan lejos de la reciente