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MARÍA MARTÍNEZ DE NISSER - POEMA DE VERANO BRISAS

2016-04-25 25 Dailymotion

MARÍA MARTÍNEZ DE NISSER <br /> <br />Le abrió a Suecia su corazón y su cuerpo <br />a través del ingeniero Pedro Nisser, <br />hombre incansable y decidido <br />que en Antioquia dejó como recuerdo <br />huellas profundas de su vida aventurera <br />por amor a esta valiente de ojos negros, <br />y maestra a los 17, cuando la conoció. <br /> <br />Marucha, como tantos la llamaban, <br />además de escribir y de soñar, <br />pulsaba la guitarra con destreza <br />y cantaba sin mayor talento. <br />Aprendió inglés con un anglosajón <br />y francés con otro no identificado. <br /> <br />Combatió en la Guerra de los Supremos <br />en el bando de quienes defendían <br />la Constitución y la Ley. <br />De pelo corto como cualquier recluta, <br />lucía camisa verde y pantalones rojos <br />más una lanza conquistada en el ejército, <br />con la cual desfiló sobre un caballo <br />por las calles del antiguo Medellín, <br />engalanada con atuendos militares <br />frente a una turba de gente enardecida <br />que aplaudía desde aceras y balcones. <br /> <br />Extraña y valerosa, esta Marucha <br />fue tildada de ramera por algunos <br />que no aceptaron su porte de amazona <br />mezclado con la burda soldadesca. <br />Sabía igual de apasionados besos <br />brindados a Pedro, su hombre único, <br />pues nunca le fue infiel mientras lo amó. <br /> <br />Sincera también como ninguna, <br />en el diario que escribió cuando el conflicto <br />planteó sus dudas entre el amor a Nisser <br />y el amor por los riesgos de la guerra, <br />aunque estaba segura de que él <br />jamás militaría entre los facciosos. <br /> <br />Bailando y cantando celebró <br />el apoyo de los conservadores caucanos, <br />en tanto las bayonetas enemigas <br />amenazaban a sus correligionarios <br />con exterminio en la mitad del campo. <br /> <br />En Itagüí, Borrero enfrentó a los rebeldes <br />con tan negra fortuna que perdió el combate; <br />postrada por la enfermedad, <br />cuando Pedro le informó sobre los hechos <br />sus males desaparecieron, <br />y levantándose de un salto, declaró: <br />Pido que tengan a bien los acompañe. <br /> <br />En el pronunciamiento de Sonsón <br />a favor de José Hilario de Márquez, <br />dijo que era el día más bello de su vida, <br />y siempre en sus oídos pervivió <br />ese grito que estrujó su corazón, <br />alerta como el ojo de las águilas. <br /> <br />Brillaba su fusil y el de sus compañeros <br />mientras esperaban la orden de marchar <br />en busca del contrario en cualquier parte. <br />Margarita y Segismundo, sus dos hijos, <br />jamás vieron las hazañas de la madre <br />porque la muerte, tempranera y pálida, <br />les negó tal privilegio familiar. <br /> <br />Terminada la Guerra de los Supremos <br />quedó viuda en vida por el viaje <br />que su esposo preparó para Australia, <br />quien al regreso, después de 20 años, <br />sólo tuvo el recurso de una lápida <br />en el viejo cementerio San Lorenzo, <br />hoy arrasado por la modernidad. <br /> <br />Los restos de María Martínez, <br />esposa y madre, guerrera y escritora, <br />reposan bajo el cielo de Sonsón, <br />mientras los de Pedro, su consorte, <br />duermen solos bajo el suelo de Jamaica.

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