En tiempos de los micros de 8 bits que dominaron el panorama lúdico hace ya más de 3 décadas, un joven desarrollador alemán volcó su buen hacer en 64 escasos kilobytes de memoria para gestar una saga que perduraría durante varias generaciones de máquinas conservando intactas sus principales cualidades: personalidad, fluidez, acción y toneladas de disparos. <br /> <br />Con Turrican Commodore 64 demostró que, con las debidas dosis de conocimiento de sus secretos, pocas máquinas podían hacerle sombra. Después, el éxito del plataformas de acción se trasladó a tantos sistemas como el mercado pudo albergar durante más de una década, y en todos ellos replicó el éxito que lo alumbrara cuando vio la luz a mediados de los 80 para el mítico microordenador americano.
