Todo comenzó en el otoño de 1996. En septiembre, el Dr. Renfro, un doctor en medicina en Norton, VA, encontró un pequeño bulto en la parte posterior de su cuello. Siendo un médico, se trató a sí mismo con antibióticos para una posible infección del cuero cabelludo. Sin embargo, el viernes, 31 de octubre de 1996 se examinó y encontró otra protuberancia en la parte posterior de su cuello y otra debajo de su brazo izquierdo. En este punto, el Dr. Renfro sabía que tenía un problema. Pasó el siguiente par de días de consulta con algunos especialistas que conocía y que le aconsejó ver a un cirujano rápidamente. El lunes 4 de noviembre, se sentó con su esposa, Sid, y le dijo lo que había estado sucediendo durante las últimas semanas. Juntos lloraron, oraron, y trataron de ir a dormir. En los próximos días se le realizó una biopsia. A continuación, el martes 19 de noviembre se entregaron los resultados. El diagnóstico: Linfoma de células del manto: no sólo el cáncer, no sólo un linfoma no Hodgkin, una variedad muy cruel de linfoma. Para el Dr. Renfro, con todos sus conocimientos médicos, esto era terrible noticia. El médico que dio la noticia estaba visiblemente afectado al mirar a los ojos a un compañero médico que estaba al lado de su misma edad. El pronóstico: hay muy poco que se pueda hacer incluso para retardar la progresión de este tipo de linfoma. Sin embargo, según este Doctor fue la fe la que le salvó.
