La cruz de la iglesia fue uno de los primeros símbolos que el Dáesh destruyó al ocupar Bashiqa. Ahora, tras su expulsión de la ciudad por parte de las tropas kurdas e iraquíes, varios vecinos cristianos se han apresurado a colocar una nueva cruz sobre el templo. <br /><br /> La estampa se repite en otras localidades con población cristiana que han sido arrebatadas a los yihadistas en las últimas semanas. Las campanas vuelven a sonar, aunque muchos vecinos aún no pueden regresar a sus casas:<br /><br /> – “Todavía estamos buscando explosivos que quedan en las casas”, explica un oficial peshmerga. “Queremos que la gente sea paciente y que no regrese hasta que despejemos completamente el área, ya que queremos asegurar su seguridad”.<br /><br /> La comunidad cristiana iraquí, una de las más antiguas del mundo, corre el riesgo de desaparecer. El éxodo masivo provocado por las guerras y la violencia sectaria ha reducido a menos de 300.000 el millón y medio de cristianos que vivían en Irak antes de la caída de Sadam Huseín en 2003.<br />
