Sao Paulo, 12 ene (EFE).- (Imágenes: Alex Mirkhan)<br /> En el interior de un garaje de Sao Paulo suenan los primeros acordes de una canción de Heavy Metal. La letra habla de Jesucristo y de la salvación y su palco es la Crash Church, una iglesia evangélica frecuentada por amantes del rock que buscan la palabra de Dios a través de la música.<br />Como en un concierto de rock "duro", los feligreses se visten de oscuro y sacuden fuertemente la cabeza cuando el bajo eléctrico y la batería comienzan a sonar en una sala pintada de negro y decorada con tribales blancos.<br />Tras varias canciones de alto voltaje, los fieles, algunos con camisetas de Metallica o Joy Division, se sosiegan y el pastor Batista comienza el culto. No usa traje, como la mayoría de los ministros evangélicos, sino pantalones vaqueros y unas deportivas blancas y rojas.<br />Los tatuajes -todos con referencias a la fe cristiana- cubren sus brazos, una decena de pendientes perforan sus orejas y en su barba cuelga una trenza grisácea de unos cuatro centímetros de largo.<br />Además de pastor, Batista es vocalista de un grupo cristiano de death metal llamado "Antidemon" y uno de los fundadores de esta iglesia "no convencional" creada en 1998 por "necesidad divina".<br />"Esto forma parte de un plan de Dios para traspasar las barreras, que tenían un formato más cerrado y dejaban de alcanzar muchas vertientes de la sociedad", cuenta Batista, en referencia a otras corrientes más conservadoras, como la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios o la Asamblea de Dios.<br />María Aparecida Castellini, de 54 años, tiene siete hijos y tres de ellos pertenecen a iglesias evangélicas tradicionales que no "toleran" que se vista con estética punk: se tiñe el pelo de verde, se pinta las uñas y los labios de azul eléctrico y utiliza ropas rasgadas que dejan entrever su piel.<br />Se declara una "loca" de Jesús y del rock, pero no por ello está "para ir a un manicomio", como le aconsejaban en su anterior iglesia, Renascer en Cristo.<br />"Me decían que el rock era pecado, que era cosa del demonio. Y yo preguntaba: ¿Dios, será que estoy en el lugar correcto?", recuerda Castellini, quien dice que camina hasta dos horas para asistir al culto de la Crash Church.<br />Detrás de un púlpito con aires medievales, el pastor Batista lee el Evangelio, mientras que los devotos lo siguen en sus teléfonos móviles, en Sagradas Escrituras de papel o a través de las pantallas de televisión donde se reproducen los pasajes bíblicos.<br />Batista utiliza jerga popular para explicar la palabra del Señor e intercala las lecturas con las canciones de rock, que, a pesar de su intensidad, no alteran a dos bebés de pocos meses que duermen en los brazos de sus madres, ni a la señora de unos 80 años que escucha impávida la estridente música.<br />En una de sus intervenciones, el pastor compara la historia de Jesús con la de la iglesia y recalca, que a pesar del prejuicio que existe contra ellos, también son "de Dios".<br />"Ellos esperan algo con una cara, como el pueblo es
