Debe ser difícil enfrentarse a la extinción. A la posibilidad de desaparecer paulatinamente del mapa después de años, siglos, de continua existencia. Pero aún más grave y angustiante que eso, es no hacer nada, absolutamente nada, por frenar aquello que parece inevitable. <br /> <br />Eso lo sabe bien el alcalde de Gangi, un pequeño pueblo del sur de Italia, que ha puesto en marcha una curiosa estrategia para no convertirse en una villa fantasma: regalar casas con el fin de evitar su dolorosa desaparición. ¿Lo logrará?
