El Gobierno alemán da otro paso atrás en su política de acogida de refugiados. <br /><br /> Tras reunirse con los primeros ministros de los 16 estados federados, la canciller Angela Merkel ha dado el visto bueno para agilizar la deportación de aquellas personas a las que se les ha denegado el derecho al asilo.<br /><br /> La medida prevé la creación de centros de repatriación situados cerca de los aeropuertos para facilitar la expulsión.<br /><br /> “Creemos que es algo necesario y tenemos que hacerlo porque queremos mantener la capacidad de acogida y seguir apoyando a los que realmente necesitan ayuda humanitaria y cuyo derecho al asilo ha sido reconocido”, declaraba Merkel.<br /><br /> Un nuevo centro a cargo del Gobierno federal reagrupará los trámites y llevará a cabo deportaciones masivas. Hasta ahora, las solicitudes de asilo y las repatriaciones eran competencia de los gobiernos regionales.<br /><br /> “Ha habido mucho baile de responsabilidades. El Gobierno federal dice que los estados tendrían que hacer más y estos dicen que es responsabilidad del poder central. Creo que esto se tiene que acabar y que tenemos que hacer un esfuerzo común. Todos tenemos que asumir nuestras responsabilidades”, reclamaba el ministro de Interior Thomas de Maiziere. <br /><br /> Acuciada por las críticas y por las elecciones de septiembre, la política de acogida del Gobierno de Merkel se ha ido endureciendo. En 2015 890.000 refugiados llegaron a Alemania y 50.000 fueron deportados o abandonaron voluntariamente el país. Un año después las llegadas bajaron hasta los 280.000 mientras que las salidas subieron a 80.000.<br />
