Sevilla, 22 sep (EFE).- (Imágenes: David Arjona).-La bailaora y coreógrafa sevillana María Pagés ha hecho pasar el tiempo volando al público que llenó anoche el Teatro de la Maestranza de Sevilla con un montaje que, a golpe de palos alegres como la primavera y el verano, o nostálgicos, como el otoño y el invierno, reflexiona sobre el discurrir vital.<br />Pagés, una de las grandes estrellas del cartel de la XX Bienal de Flamenco -Premio Nacional de Danza y Medalla de Oro de las Bellas Artes-, ha apostado por traer al festival un espectáculo especialmente ambicioso para su compañía, al interactuar en escena con ocho bailaores y bailaoras y siete músicos flamencos y clásicos.<br />Las letras de su pareja El Arbi el Harti, adaptando reflexiones de Platón, Margaret Yourcenar, Jorge Luis Borges, John Cage, Octavio Paz, Heidegger o Marcel Duchamps, acompañan las distintas partes del espectáculo con las que la bailaora representa escenas dignas de películas como "Flamenco" de Carlos Saura, gracias a un juego de luces que representa las cuatro estaciones.<br />Comienza y termina esta "Oda al tiempo" formando un círculo como el del ciclo vital, representada por la figura del árbol de la vida que forma la coreógrafa y su compañía.<br />Un círculo a veces péndulo y a veces sol o luna sobre un fondo neutro basta como escenografía, ya que son los bailaores los que llenan el espacio con sus movimientos de brazos, sus taconeos y en el caso de ellas, sus batas de cola, con las que Pagés arrancó los primeros oles y aplausos del público.<br />Un público deseoso de ver flamenco -y nada más en el Teatro de la Maestranza tras varios espectáculos vanguardistas en el coliseo- que se rindió a María Pages desde muy pronto y hasta el final.<br />Con trilla y tonás, seguiriyas y soleás, la compañía le bailó a la primavera.<br />El verano trajo los momentos más cálidos por bulerías, alboreá y alegrías, con todo el grupo 'montando el taco'.<br />En el otoño se luce María Pagés con algún solo melancólico y el invierno trae peteneras, cante de Levante y una pieza instrumental con escenas de guerra y muerte, donde el colorido vestuario del cuerpo de baile se torna en gris monocromático, aunque el juego de focos deja de nuevo auténticos fotogramas de películas.<br />Incluida una de las manos solos de Pagés (que en uno de los números se convierte en sombra al taconear y marcar el paso con bastón tras un telón).<br />Pero la coreógrafa no quiere que el público se vaya con un mal sabor de boca pensando en cómo se acelera el tiempo al final de la vida y se empieza a pensar en la muerte.<br /> <br /> <br /> <br />IMÁGENES DEL ESPECTÁCULO.
