Vestido de blanco, el monarca de Tailandia camina hacia su transformación divina. Un ritual solemne en el que recibe agua purificada de manos del patriarca budista. <br />el líquido de una fuente sagrada con el que limpia su cuerpo para una ceremonia de entronización de 28 millones de euros. El momento álgido, éste: sobre su cabeza casi siete kilos y medio de oro y diamantes en forma de corona, que representa la cima del Monte Meru, sagrado para algunas religiones. Con el bastón de mando en la mano, asegura que reinará con justicia y en beneficio de su pueblo. Ante él vuelve a postrarse su esposa desde hace dos días para convertirse oficialmente en la reina Suthida.<br />Al ritmo de trompetas, Rama X se dirige a su proclamación como patrón real del budismo. Más poder para un rey que desde su ascensión al trono en 2016, ha llevado a cabo maniobras para un giro hacia el absolutismo.
