Viendo este desastre, seguro que todos ustedes, en más de una ocasión, se han hecho la pregunta: ‘¿Como hemos llegado hasta aquí?’<br />¿Cómo ha sido posible que España haya derivado en el batiburrillo que es ahora.<br />No me refiero sólo al despelote en los precios, a la legión de parados, al coladero en las fronteras, a la proliferación de vagos y mangantes, a las leyes estúpidas o a la claudicación ante los facinerosos periféricos.<br />Hablo esencialmente de la erosión de la Nación, de la falta de espíritu patrio, de la ausencia de valores y de la desaparición progresiva de la idea de que tenemos una Historia y un destino comunes.<br />Aquí hemos pagado un vicepresidente de Gobierno llamado Pablo Iglesias, que alardeaba de ser incapaz de pronunciar la palabra España y a quien la bandera rojigualda daba asco, pero si solo fuera el majadero del marido de Irene Montero o los exabruptos de la cuadrilla podemita, hasta sería digerible.<br />El problema es mucho más profundo.<br />Según datos de una encuesta del CIS, que no se hizo en tiempos del inefable Zapatero o bajo la tutela del sanchista Tézanos sino con Rajoy de presidente, apenas el 16% de la ciudadanía estaría dispuesto, sin titubear, a poner el pecho para defender la Patria ante una agresión extranjera.<br />En otras palabras: 8 de cada 10 españoles correrían como gallinas hacía Francia si, por ejemplo, las tropas marroquíes ocupan Ceuta y Melilla y saltan a este lado del Estrecho, como hicieron los moros de Muza en el 711.<br /><br />¿Somos realmente descendientes de aquellos valientes, que hace cinco siglos cruzaron el Atlántico en cascarones de nuez y conquistaron América?<br />La realidad es que, a punto de completar el primer cuarto del Siglo XXI, resulta imposible encontrar rasgos comunes entre los españoles de hoy y los que se batieron el cobre en Flandes o derrotaron al turco en Lepanto.<br />La tentación es apuntarse a la tesis de la mutación genética, pero las cosas son mucho más simples, más rupestres.<br />Tras las muerte de Franco, con la instauración de la democracia y del sistema autonómico, el Gobierno central y los grandes partidos -todos sin excepción desde hace más de 40 años- han obviado con miopía fomentar el afecto hacia España y la identificación con su Historia.<br />Se cedieron las competencias en Educación, en aras de acercar la Administración a los administrados, se pusieron en manos de los separatistas televisiones, cuerpos de policía e ingentes recursos económicos y encima se santificó una ley electoral que sobrerrepresenta en el Congreso de los Diputados a los partidos nacionalistas y les convierte en decisivos a la hora de formar Gobierno.<br />A esos errores de diseño institucional se une la perversa empanada ideológica de la izquierda española, que considera el patriotismo algo ominoso y opta siempre, a la hora elegir socios, por los enemigos de España y del sentido común.<br />Por eso tenemos a un felón Sánchez ocupando La Moncloa y de no ocurrir un milagro, lo vamos a tener que aguantar dos, tres o cuatro años mas.
