<p>Roberto Leal no olvida sus raíces ni a la persona que marcó su camino: su padre. “Era un hombre de pocas palabras, pero muy concisas”, recuerda el presentador, que aún se emociona al hablar de él. “Era albañil y un día me dijo: 'Estudia, que yo no he podido'. Esa frase me acompañó siempre. Cuando dudé, cuando pensé en dejar el instituto, él me cogió del hombro y me dijo: 'Yo empecé a trabajar con trece años, tío. Estudia, que yo te puedo pagar unos estudios”.</p><p>A Pepe, que así se llamaba su padre, también le debe la particular relación que tiene con el mar. “Nos levantaba a las seis de la mañana para ir a la playa”, cuenta entre risas. “Llegábamos tan temprano que hacía frío, pero él quería que tuviéramos sitio para la sombrilla. No he vuelto a ver la playa así en mi vida, vacía, con el amanecer delante”. </p><p>Aquellos viajes en el Supermirafiori, con las cintas de cassette sonando, son parte de su memoria más entrañable. “Cuando salíamos de casa, él ya había cargado todos los bártulos y estaba en el coche con el motor arrancado, como metiendo presión pero sin decir nada".</p><p>Su pérdida llegó demasiado pronto. “Se fue con 65 años, en Nochebuena”, confiesa Leal. “Nunca hay fecha bonita para morirse, pero esa… esa se queda para siempre. Me dio miedo, porque pensé: la vida es esto, se acaba. Y desde entonces tengo claro que hay que aprovechar el tiempo y a la gente que queremos”.</p>
