El Arabay Cycling Team viajó a Mallorca para dar el pistoletazo de salida a una temporada que debía ser ilusionante. Rodar, ajustar el punto de forma, arrancar el curso con hambre. Pero aquel stage acabó siendo justo lo contrario: el final abrupto de un proyecto. José María García lo resume con una palabra que se le repite una y otra vez: incredulidad.
