Utilizando el antiguo recurso de permitir actuar a un grupo de unos 20 provocadores, parapetados detrás de planchas de madera, la mayoría encapuchados, atacando las vallas -detrás de las cuales estaban los uniformados- disparaban piedras y unos cinco se dedicaron a preparar bombas molotov sin que nadie los detuviera, pero en cambio las fuerzas de seguridad arrojaron cientos de granadas de gas pimienta, balas de goma y chorros de agua desde camiones contra las primeras columnas de la multitudinaria y pacífica marcha en rechazo a la reforma laboral, que intentaba llegar frente al Congreso.
