A 20 minutos de la capital panameña, bajo la sombra del aeropuerto de Tocumen, el Estado opera uno de sus dos únicos albergues para menores. Sobrevivientes describen el lugar como un infierno de encierro, tortura y abusos. Diputados que inspeccionaron el Centro de Atención Integral (CAI) encontraron deterioro de infraestructura, personal no capacitado y niños conviviendo con adultos, en contravía de estándares de protección. teleSUR
